Ereván en un día a pie: la plaza de la República, el Matenadaran, la Cascada, el Vernissage y dónde comer, con el Ararat asomando entre las calles
Desde la terraza de cualquier café de la plaza de la República, a media tarde, Ereván se explica sola: los edificios de toba rosa y ocre en círculo, el reloj del Gobierno, las fuentes, los niños, y al fondo de la avenida, si el aire está limpio, el cono blanco del Ararat, que está en Turquía pero preside la ciudad. Es una capital de un millón de habitantes a 1.000 metros, fundada en 782 a.C. como la fortaleza de Erebuni y rehecha entera en el siglo XX sobre el plan de 1924 de Alexander Tamanian, que la dibujó redonda y mirando al monte; se recorre andando en un día y se le dan dos con gusto. Esta guía es el recorrido a pie: la plaza, el Matenadaran, la Cascada, el Vernissage, y dónde parar a comer por el camino.
La plaza de la República y el centro
Se empieza en la plaza, que Tamanian trazó en 1924 y que se construyó entre 1926 y 1958 con cinco edificios en curva de toba de distintos tonos: el Gobierno con la torre del reloj, el Museo de Historia con la Galería Nacional encima, el Marriott, que fue el hotel Armenia, Correos y el Ministerio de Exteriores, todos con los arcos y las cenefas que Tamanian sacó de las iglesias medievales. De mayo a octubre, al anochecer, las fuentes bailan con música y la plaza se llena. Desde aquí sale la calle Abovyan, la de las terrazas, hacia el norte, y la avenida del Norte, peatonal y de 2007, lleva en diez minutos a la plaza de la Ópera, el otro edificio de Tamanian, con el parque de los cafés alrededor, que es donde la ciudad se sienta.
El Matenadaran
En lo alto de la avenida Mashtots, cerrando la perspectiva con su escalinata y la estatua de Mesrop Mashtots, el inventor del alfabeto en 405, está el Matenadaran, el archivo de manuscritos de Armenia, abierto en 1959 en un edificio de basalto gris de Mark Grigoryan: unos 23.000 manuscritos, armenios en su mayoría y también árabes, persas y griegos, de los que se exponen unas decenas en las salas: evangelios con miniaturas de los siglos X al XVII, el manuscrito más grande, de 28 kilos, y el más pequeño, de 19 gramos, mapas, tratados de medicina y el primer libro impreso en armenio, de Venecia en 1512. Se ve en hora y media con guía, que conviene tomar, y cierra domingos y lunes; desde la escalinata se ve la avenida entera hasta el Ararat.
La Cascada y la vista
A diez minutos del Matenadaran, al final de la calle Tamanian, con su estatua, está la Cascada, una escalinata monumental de piedra clara de 572 escalones y 118 metros de desnivel, con fuentes y jardines en cada tramo, que se empezó en 1971 con proyecto de Jim Torosyan, quedó a medias con la caída de la Unión Soviética y la terminó en parte la fundación del coleccionista Gerard Cafesjian, que abrió dentro su centro de arte en 2009. Al pie, en el jardín, están el gato gordo y el guerrero de Botero, y por dentro, con escaleras mecánicas gratuitas, se sube viendo salas de vidrio y esculturas hasta la terraza alta, desde donde la ciudad entera y el Ararat se ponen en fila; es el mejor sitio al atardecer, y arriba, cruzando la parte sin terminar, está el parque de la Victoria con la Madre Armenia de 1967.
Comer, el Vernissage y lo que queda
Se come bien y barato: khorovats, la carne a la brasa, en los asadores de la calle Pushkin y de Proshyan, dolma de hojas de parra, lahmajun, la torta fina de carne especiada que se come enrollada, y lavash recién hecho, el pan que está en la lista de la UNESCO desde 2014, con queso, hierbas y tomate; para el postre, gata y frutas secas, y para beber, vino de Areni y el brandy de la fábrica Ararat, que se visita junto al río. El fin de semana, el Vernissage, el mercado al aire libre junto a la plaza de la República, vende alfombras, duduks, tableros de backgammon y cosas soviéticas, y es el sitio de los recuerdos. Para un segundo día quedan el barrio de Kond, el último de casas viejas, la mezquita Azul de 1765, la fortaleza de Erebuni y, sin falta, la subida a Tsitsernakaberd y al museo del genocidio; para los días siguientes, Garni y Geghard, el Sevan y, por el paso de Selim, el caravasar de Orbelian y Vayots Dzor.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos días hacen falta para Ereván?
Un día entero para el centro, la plaza, el Matenadaran, la Cascada y el Vernissage, y un segundo para Tsitsernakaberd, Kond, Erebuni y los mercados; con tres o cuatro días se añaden las excursiones de Garni y Geghard, Echmiadzin y el Sevan, que salen de la ciudad por la mañana y vuelven por la tarde.
¿Es cara?
No: el metro y los autobuses cuestan céntimos, un almuerzo en un asador o una taberna sale por lo que un café en Madrid, los museos cobran entradas pequeñas y los hoteles van de las guesthouses baratas a los de cadena, con mucho en medio. Los taxis se piden por aplicación y son baratos; lo caro es solo el brandy en las tiendas del aeropuerto.
¿Qué es la toba de los edificios?
Una piedra volcánica ligera y porosa que se corta con sierra y abunda en toda Armenia, de colores que van del rosa y el naranja al gris y el negro según la cantera; Tamanian la impuso en los años veinte para todo el centro y por eso Ereván es rosa al atardecer. En Gyumri la misma piedra es negra, y en Garni, gris.