Ereván: qué ver en la capital de Armenia, de la Cascada a Erebuni

Hay una fecha grabada en una piedra en un cerro del sur de la ciudad: el año 782 a. C., cuando el rey urartiano Argishti I fundó la fortaleza de Erebuni. De ahí viene el nombre y los 2.800 años que la ciudad celebra. Pero la Ereván que se ve es de los años treinta: el arquitecto Alexander Tamanian la trazó en círculo, con avenidas radiales y edificios de toba rosa y naranja, y de ahí que todo el centro tenga el mismo color al atardecer. Es una ciudad de un millón de habitantes, fácil de andar, segura, con cafés en cada esquina, y con el Ararat, a 60 km, apareciendo al fondo de las calles cuando el aire está limpio.

El centro en un día

La plaza de la República, con el Museo de Historia y el edificio del Gobierno en toba rosa, y las fuentes que bailan con música las noches de verano. Desde allí, la avenida Norte, peatonal, hasta la plaza de la Ópera y, detrás, la Cascada: una escalinata monumental de 572 escalones con jardines y esculturas, el centro de arte Cafesjian dentro y, desde arriba, la mejor vista del Ararat sobre la ciudad. Más arriba todavía, el Matenadaran, el instituto de manuscritos, con 17.000 códices armenios medievales y salas abiertas al público; es la visita que más sorprende a quien no lo esperaba.

Plaza de la República de Ereván, con los edificios de toba rosa
La plaza de la República, el centro de Ereván, con los edificios de toba rosa de los años treinta.

Lo que hay que entender

Tsitsernakaberd, el memorial del genocidio de 1915, en una colina sobre el río Hrazdan: doce losas inclinadas alrededor de una llama y un museo sobrio y bien hecho. Es la visita más seria de la ciudad y la que explica mucho de lo demás. Y Erebuni, la fortaleza urartiana, con los muros de adobe reconstruidos, frescos y un museo con la inscripción de fundación: es anterior a Roma y poca gente va.

Comer y comprar

El mercado cubierto de la avenida Mashtots, con fruta seca, sujukh dulce, hierbas y quesos, es el sitio para probar antes de comprar. Los fines de semana, el Vernissage, un mercado de artesanía al aire libre junto a la plaza de la República: alfombras, tableros de backgammon, cerámica y recuerdos soviéticos. Para comer, khorovats de cerdo o cordero en brasas, dolma, lavash recién hecho, y en verano la terraza; el vino armenio es barato y bueno, y el coñac de Ararat, la bebida nacional, tiene una fábrica visitable junto al puente de la Victoria.

Cuántos días y qué excursiones

Dos días llegan para el centro, la Cascada, el Matenadaran, Tsitsernakaberd y Erebuni; el tercero se va en una excursión. Desde Ereván salen todas: Echmiadzin y Zvartnots a media hora, Garni y Geghard a una hora, Khor Virap y los viñedos de la llanura del Ararat a 45 minutos, y el lago Sevan a una hora. Casi todo el mundo usa la ciudad como base y vuelve cada noche.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos días hacen falta para Ereván?

Dos para la ciudad y uno más por cada excursión que se quiera hacer. Con tres o cuatro días se ve el centro, los museos principales y Garni, Geghard y Echmiadzin; con una semana, también Khor Virap, Sevan y Dilijan.

¿Qué es lo que no hay que perderse?

La vista del Ararat desde la Cascada, el Matenadaran, el memorial de Tsitsernakaberd, la plaza de la República de noche, el mercado cubierto y el Vernissage del fin de semana. Y Erebuni, por antigüedad.

¿Es cara?

No. Comer bien cuesta la mitad que en Europa occidental, el transporte urbano es muy barato y hay alojamiento de todos los precios. Los museos cuestan entre uno y tres euros.