Narikala: la fortaleza que vigila Tbilisi desde el siglo IV, y las dos formas de subir

Desde cualquier calle del casco viejo de Tbilisi, al levantar la vista, hay una muralla de piedra parda con torres rotas recortada contra el cielo, en lo alto de la colina de Sololaki. Es Narikala, y está ahí desde que la ciudad existe: la levantaron los persas en el siglo IV, cuando Tbilisi era un puesto de frontera con aguas termales, la ampliaron los árabes que gobernaron la ciudad desde el emirato en los siglos VII y VIII, la reforzaron los reyes georgianos, y el nombre se lo dieron los mongoles, narin qala, la fortaleza pequeña. Lo que se ve hoy es sobre todo de los siglos XVI y XVII, y lo que no se ve es por lo de 1827: los rusos guardaban la pólvora dentro, hubo un terremoto y el polvorín estalló, y se llevó media fortaleza.

Fortaleza de Narikala sobre la colina, con las murallas y Tbilisi abajo
Las murallas de Narikala sobre el casco viejo de Tbilisi.

Lo que hay arriba

Las murallas, por las que se puede andar sin barandilla, con cuidado; la iglesia de San Nicolás, reconstruida entre 1996 y 1997 sobre los cimientos de la del siglo XII, con frescos nuevos y misas los domingos; y la vista, que es a lo que se sube: debajo, las cúpulas de ladrillo de los baños de azufre de Abanotubani y la mezquita, el casco viejo con sus balcones de madera, el río con el Puente de la Paz y Rike, la catedral de Sameba en la otra orilla y, al fondo, los bloques soviéticos y las montañas. Al lado, en la cresta, la Madre Georgia, Kartlis Deda, veinte metros de aluminio de 1958, con la copa de vino para los amigos y la espada para los demás. Y detrás de la muralla, bajando hacia el barranco del Tsavkisistskali, el jardín botánico, con la cascada y los senderos de sombra, que cuesta unos lari y se tarda en recorrer lo que se quiera.

Las dos formas de subir

El teleférico sale del parque Rike, en la orilla izquierda junto al Puente de la Paz, y deja arriba, junto a la Madre Georgia, en dos minutos, con la vista del río durante el trayecto; se paga con la tarjeta de transporte de la ciudad, unos lari, y en verano hay cola por la tarde. A pie, desde Abanotubani, una escalera y luego callejuelas suben entre casas en quince o veinte minutos, empinados; es la subida de siempre y la que mejor cuenta el barrio. Lo bueno es combinar: subir en teleférico y bajar andando por los baños, o al revés, al atardecer, cuando la ciudad se enciende y la fortaleza se ilumina.

Vista de Tbilisi desde Narikala, con el casco viejo, el río y los balcones
La vista desde las murallas de Narikala, con el casco viejo, el río y la otra orilla.

Preguntas frecuentes

¿Es gratis?

Sí, las murallas y la iglesia son de acceso libre a cualquier hora del día; se pagan el teleférico, unos lari con la tarjeta de transporte, y el jardín botánico, otros tantos, si se entra.

¿Cuándo subir?

Al atardecer, con la luz de lado sobre el casco viejo y luego las luces; o a primera hora, con la ciudad vacía. En verano, a mediodía la piedra arde y no hay sombra.

¿Qué es la estatua de al lado?

Kartlis Deda, la Madre Georgia: una mujer de aluminio de veinte metros, de 1958, obra de Elguja Amashukeli, con una copa de vino en una mano para el que viene como amigo y una espada en la otra para el que viene como enemigo. Se ve desde media ciudad.