Tbilisi: qué ver en la capital de Georgia, de los baños de azufre a Rustaveli

La leyenda dice que el rey Vakhtang Gorgasali salió a cazar en el siglo V, que su halcón cayó con un faisán en una fuente caliente y que, al ver el agua humeando, decidió fundar aquí una ciudad: tbili quiere decir tibio. Lo que es seguro es que las fuentes de azufre siguen ahí, debajo de las cúpulas de ladrillo de Abanotubani, y que Tbilisi lleva desde el siglo VI siendo capital de Georgia, saqueada y reconstruida veintitantas veces, persa, árabe, mongola, rusa, soviética y ahora suya. Es una ciudad de un millón largo de habitantes, en un desfiladero del río Kura, con balcones de madera, calles que suben y una vida nocturna que ha traído a medio Berlín.

El casco viejo, de abajo arriba

Se empieza en Abanotubani, el barrio de los baños, con las cúpulas a ras de suelo y la fachada azul de azulejos del baño Orbeliani; una hora en una sala privada, con masajista que frota con un guante de crin, es la mejor forma de llegar a la ciudad. Desde allí, a pie, la mezquita, el jardín botánico y la subida a Narikala, la fortaleza que empezaron los persas en el siglo IV y ampliaron los árabes, con la estatua de aluminio de la Madre de Georgia al lado, de 1958, con la copa de vino para el amigo y la espada para el enemigo. Se puede subir en teleférico desde el parque Rike y bajar andando por las callejas de Betlemi, entre casas con galerías de madera que se sostienen con puntales y otras recién pintadas.

Casco viejo de Tbilisi, con balcones de madera y la fortaleza de Narikala al fondo
El casco viejo de Tbilisi, con sus balcones tallados y Narikala en la colina.

Iglesias y la otra orilla

Anchiskhati, del siglo VI, la iglesia más antigua de la ciudad, con un coro que canta polifonía los domingos; Sioni, la catedral de la ciudad vieja, con la cruz de vid de Santa Nino; y al otro lado del río, en lo alto de la roca, la iglesia de Metekhi, del siglo XIII, con la estatua ecuestre de Vakhtang mirando a la ciudad. Debajo, los baños de Abanotubani vistos desde arriba, el puente de la Paz, de cristal, de 2010, y el parque Rike. Las iglesias armenias, las sinagogas y la mezquita están a cinco minutos unas de otras: la ciudad fue siempre de muchos.

Rustaveli, el Puente Seco y la noche

La avenida Rustaveli es el siglo XIX y el XX: la Ópera, el Parlamento, el Museo Nacional con el tesoro de oro de Cólquide, el antiguo Palacio del Virrey, y plátanos. El funicular de 1905 sube a Mtatsminda, el monte con el panteón de escritores y la vista entera. Los fines de semana, el mercado del Puente Seco vende cámaras soviéticas, medallas, cuernos para beber y cuadros. Y de noche: vinotecas de vino natural en Sololaki y Vera, la antigua fábrica de costura Fabrika convertida en patio de bares, y clubes como Bassiani, en el sótano del estadio, que son la razón por la que mucha gente joven viene a Tbilisi.

Cuántos días y qué comer

Tres días: uno para el casco viejo y los baños, otro para Rustaveli, los museos y Mtatsminda, y el tercero para Mtskheta, a 20 km. Comer: khinkali con caldo que se bebe antes de morder, khachapuri de Adjara con el huevo encima, berenjenas con nuez, pkhali, y vino de kvevri en jarra. El mercado de Dezerter, junto a la estación, es donde compran los restaurantes. El aeropuerto está a 17 km y el metro, de dos líneas, lleva a casi todo por céntimos.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos días hacen falta para Tbilisi?

Tres: casco viejo y baños, Rustaveli y museos, y una excursión a Mtskheta. Con cinco se añaden Kazbegi por la Carretera Militar o Kajetia con sus bodegas, en días completos desde la ciudad.

¿Es segura?

Sí, es una de las capitales más seguras de la región, de día y de noche, con la precaución normal con carteras en sitios llenos. Los taxis se piden por aplicación para no discutir precios.

¿Qué hay que comer?

Khinkali, khachapuri de Adjara, berenjenas con nuez, pkhali, lobio, mtsvadi a la brasa y churchkhela de postre, todo con vino de kvevri, ámbar o saperavi, y chacha al final.